Que lindo dejà vu se siente cuando uno se pone a estudiar un poco sobre la evolución de la industria a comienzos del siglo XX. Es tan así que las viejas artimañas para desarmar cualquier posibilidad de una mejor industrialización hoy salen a relucir. Hoy como hace casi 100 años, existen personas que piensan en un mundo mejor, que creen que esta tierra puede ser próspera para muchos. Salvando las grandes diferencias entre quienes integraban los primeros pioneros en las ramas industriales de la Argentina, que en su mayoría eran inmigrantes de Europa continental, y los que hoy apuestan al crecimiento, podemos encontrar algo en común: la base de la economía y el crecimiento de un país esta dado por su proceso de industrialización.
En estas líneas podrán notar gran peso peronístico, pero más haya de eso, lo que espero es que sirva para ver como el desconocimiento de la historia Argentina nos hace repetirla.
En el libro “Industria y concentración económica” de Eduardo F. Jorge, edición de 1986, se relata la evolución que tuvo la industria Argentina a comienzos del siglo pasado y como ven los productores agrarios este nuevo sector.
En los inicios de la industria, antes de la primer guerra mundial, nuestro crecimiento era de forma espontánea, pero en forma constante ya que constante ya que contaba de bajos costos de materia prima lo que facilitaba una rápida incorporación al mercado.
Ya pasada la guerra el problema se empezó a manifestar al momento de que se empezara a crear nuevas ramas industriales provenientes de materiales inorgánicos, como los metales. Esto generó un gran descontento por quienes ocupaban en escenario central del país. Más claramente lo expone Alberto E. Castex, en la sociedad rural de 1920:
“La república Argentina es un país industrializable. La industrialización no tienen por qué hacerse a partir de minerales, porque el concepto que sostiene a éstos por base del proceso industrializador es anticuado, pues bien puede un país llegar a ser industrial careciendo en absoluto de minas, siempre que reúna otras condiciones. Nuestros ganados y nuestros vegetales constituyen una fuente inagotable de materias primas suficientes para propiciar inversión industrial a muchos hombres. Se trata de una evolución que viene sufriendo la industria consistente en el mejor aprovechamiento de los cuerpos organizados, de tal manera que las industrias de elaboración de los productos animales y vegetales van superando en importancia a las manufacturas de materias inorgánicas.”
Esto no es del todo errado, ya que de los productos agropecuarios, para esa época, dependía todo el comercio mundial. Si podemos llegar a entender esto, se comprenderá porque en un principio, y hasta ahora, nos hemos dedicado a la producción agro. El problema está en que el producto sacado directamente de la tierra, por ejemplo el trigo, no posee ningún valor agregado. A saber, el valor agregado es el aumento del precio de un bien que fue procesado en una o varias etapas. Es decir, siguiendo con el ejemplo del trigo, un primer proceso sería el de transformación en harina; el costo de esto estará medido en la distancia que debe recorrer el producto hasta llegar al lugar en donde será procesado, ya que en economía el tiempo es sacrificio y los sacrificios se retribuyen en aumento del precio del bien en sí; en la cantidad de empleados que requiera la operación de transformación del producto, es decir salarias a pagar, en proporción a esa cantidad del producto; en el gasto que se incurre en la energía utilizable para la producción, luz, gas, etc; y el tiempo de gestación del producto, ya que a mayor tiempo mayor sacrificio. Esto sería para el caso de la elaboración de harina con el trigo, esto seria una de sus etapas, lo que le agrega un valor mas para la venta, ya no solo poseerá el valor del costo que significa hacer el trigo sino también el costo de producir la harina. Otra etapa podría ser la que se crea con el pan, ya que requiere de harina (dentro de otros ingredientes) para su producción, con lo que le daría un costo mas alto que el de la harina misma, justamente por ese proceso de producción.
Sabiendo esto es indudable que debe existir algún proceso de transformación de la materia prima. Esto se debe a que otro pilar de la economía es el valor agregado a los productos. Los productores deben encontrar la forma de hacer bienes de bajo costo ( solamente el costo es importante ya que las condiciones del mercad eran tan inmensas en cuanto a la demanda que todos los oferentes encontraban consumidores, eso por un lago, por el otro lado hasta la década del 50 no se empieza a hablar de calidad del producto de manera significativa, en donde se desarrolla la teoría Administrativa de Calidad Total), para que se consuman más. Empero cómo se puede entender esto dicho por el presidente de la sociedad rural, entre 1926-1928, en uno de sus discursos, el señor Luis Huhau:
“Con una determinada cantidad de granos exportada al mercado británico, por ejemplo, puede (el país) conseguir en ese mercado una determinada cantidad de tejidos…El costo indirecto de esos tejidos para nosotros, no es otra cosa que lo que nos ha costado producir los granos con que los obtuvimos en cambio. Si quisiéramos fabricar esos tejidos en nuestro país, incurriríamos en un costo mucho más alto que el costo de esos granos. Y su obstante a ello, insistiéramos en producir directamente esos tejidos, a pesar de poderlos conseguir mas baratos por medio de un proceso de producción indirecto, nos veríamos en esta situación originalísima y singular: que nos habríamos propuesto producir una cantidad máxima de artículos, para aumentar nuestro bienestar y, sin embargo, estaríamos produciendo una cantidad inferior. Inferior, a todas luces, puesto que podríamos producir indirectamente mayor cantidad de tejidos que la que obtendríamos directamente en nuestras industrias protegidas”
Este es un discurso muy engañoso, ya que para la fecha no existía una fuerte protección aduanera que pudiera fomentar el crecimiento y el mejoramiento de la industria. Además esto conlleva una peligrosa lógica, ya que nuestro poder adquisitivo estaba limitado al aumento de la producción agropecuaria, lo cual era meramente de un mejoramiento del rendimiento unitario. Es así debido a que para el año del discurso, 1927, se había llegado a ocupar la totalidad de la tierra productiva pampeana y recordemos que para esa fecha las innovaciones tecnológicas, en todas sus ramas, se generaban de manera muy lenta, lo cual llevaba a un lento proceso de los bienes de capital (el mejor ejemplo para esto es el caso del primer auto que se produjo en masa, el Ford T que estuvo en el mercado por 20 años, hoy cuanto tiempo lleva a una marca lanzar un nuevo modelo?). Otro problema existente era que Gran Bretaña, nuestro importador de productos manufacturados, nos pide la condición de ser los únicos que podían introducir productos de esta calidad en nuestros mercados, mientras que ellos tenían a varios oferentes en materias primas. Esto nos daba pocas garantías que ante una crisis, como ocurrió en el 30, se nos vea mervada las exportaciones.
Ahora bien, es menester hacer un paréntesis en este punto y prestarle mucha atención a lo que se va a lucidar. Estos inconvenientes, claramente definidos mas arriba, es solo para un proyecto de país que busca que todos tengamos igualdad de oportunidades en igualdad de condiciones, ya que para el pensamiento sectorial esto no es un inconveniente. En otras palabras la oligarquía no buscaba el mejoramiento de las condiciones de vida del país en general, sino buscaba mantener su nivel de ingreso estaba y la adquisición de las satisfacciones de sus necesidades. Esto queda aun mas claro cuando leemos otro de los discursos de Duhau:
“La Gran Bretaña, que es principal consumidor de nuestros productos agropecuarios, paga las mercaderías que compra en los países extranjeros, y entre ellos la Republica Argentina, en dos formas principales: con sus exportaciones de productos manufacturados y con sus exportaciones invisibles, o sea los servicios financieros de los capitales británicos invertidos en el exterior, los fletes navieros, etc. Por lo tanto, si cualquiera de estas dos formas de pago disminuyen, se debilita el poder adquisitivo exterior de los ingleses y sus compras en la Argentina serían inferiores en cantidad o bien se nos pagarían precios más bajos, De tal suerte que si elevamos nuestros derechos aduaneros y por consiguiente adquirimos menora cantidad de mercaderías británicas que las que podríamos comprar, las consecuencias desfavorables gravitarían sobre nuestras exportaciones, o lo que es lo mismo, sobre el trabajo del suelo. Y así la política restrictiva de las importaciones, señores, se ejerce en desmedro de nuestra producción agropecuaria porque limita sus mercados.”
Con esto se cierra el circulo que tendieron al permitir solamente la industrialización de productos derivados del agro, el porque no permitir comercializar con otros países y el rechazo hacia la industria.
De lo expuesto hasta aquí, de forma muy reducida, lo hace a uno pensar en que hoy, después de tanta historia, algunos discursos siguen vigentes, en este país. Por ejemplo tenemos programas en la televisión que al tratar el tema económico ponen énfasis en que lo mejor que nos podría pasar es que se abran de nuevo las fronteras para que puedan pasar libremente los productos ya elaborados por el resto del mundo a lo que nosotros entregaríamos meramente materias primas, sin ningún valor agregado. Es menester que podamos dar un debate sobre la necesidad de una profunda industrialización, para que en estas crisis podamos apoyarnos en algo más firme.
